viernes, 8 de junio de 2018


Teleasistencia básica y avanzada

Resolución de 15 de enero de 2018. El Consejo Territorial de Servicios Sociales y del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia aprobó, en su reunión de 19 de octubre de 2017, el Acuerdo sobre el contenido del servicio de teleasistencia básica y avanzada, previsto en la Ley 39/2006. Se trata de un servicio que facilita la asistencia mediante el uso de tecnologías de la comunicación y de la información, con apoyo de los medios personales necesarios, en respuesta inmediata ante situaciones de emergencia, o de inseguridad, soledad y aislamiento.
Puede ser un servicio independiente o complementario al de ayuda a domicilio. Se presta a las personas que no reciban servicios de atención residencial y así lo establezca su Programa PIA. La Comisión Delegada, atendiendo a lo establecido en el Real Decreto 1051/2013, de 27 de diciembre, ha determinado el contenido de los servicios de teleasistencia avanzada en la reunión de fecha 10 de octubre de 2017.
Para el servicio de teleasistencia, en sus modalidades de básica y avanzada, se acuerda que, para las personas que tengan reconocido un grado de dependencia II o III, la prestación del servicio de teleasistencia ha de ser complementaria al resto de las prestaciones y no podrá asignarse como prestación única en los citados grados de dependencia.
El acuerdo establece los criterios mínimos y comunes para garantizar la igualdad de todas las personas en situación de dependencia a las que se les reconozca este servicio. La comunidad autónoma o administración que tenga la competencia podrá dictar las disposiciones normativas que resulten necesarias para la aplicación de este acuerdo, así como establecer condiciones más ventajosas para las personas beneficiarias, en su ámbito territorial y con cargo a su nivel adicional de protección.
Teleasistencia básica
El servicio de teleasistencia básica, consiste en facilitar asistencia a las personas beneficiarias de forma ininterrumpida, mediante el uso de la tecnología de la información y de la comunicación, con apoyo de los medios personales necesarios, en respuesta inmediata ante situaciones de emergencia, de inseguridad, soledad y aislamiento. Se lleva a cabo a través de la instalación de un terminal en la vivienda de la persona beneficiaria, conectado a una central receptora, con la que se comunica en caso de urgencia mediante la activación de un pulsador.
Descripción del servicio
Los servicios que se presten en el domicilio serán los siguientes:
ü Instalación y mantenimiento de los terminales de Teleasistencia domiciliaria.
ü Información sobre los equipos, proporcionada a las personas usuarias según la modalidad por la que muestren preferencia: escrita en formato impreso legible, disponible en braille y escrita en formato electrónico accesible.
ü Información sobre recursos sociales.
ü Información permanente desde el Centro de Atención a las personas usuarias y personas cuidadoras que lo demanden y sobre actividades de interés para las mismas.
Atención las 24 horas del día, los 365 días del año
ü Atención directa, dando respuesta adecuada a la necesidad o movilizando otros recursos humanos o materiales propios de la persona usuaria o existentes en la localidad donde resida.
ü Entrega de llaves que queden en custodia por parte de la Entidad o por parte de, al menos, una persona del entorno sociofamiliar más cercano, salvo las personas usuarias que no la faciliten.
ü Emisión de comunicaciones para el seguimiento de la persona usuaria desde el centro de atención y comunicaciones de cortesía (felicitación de cumpleaños, en situaciones de convalecencia, etc).
ü Emisión de comunicaciones de control de ausencia domiciliaria de las personas usuarias.
ü Atención personal por iniciativa de la entidad prestadora del servicio o a petición de las personas usuarias o personas cuidadoras, que cubrirá como mínimo funciones como agenda personalizada, resolución de dudas e intervención psicosocial:
Agenda personalizada para recordar datos importantes sobre la salud (tratamientos crónicos, consulta médica), gestiones sociales, campañas, o cualesquiera otros.
Resolución de cuestiones y dudas que le puedan surgir a la persona usuaria, persona cuidadora y familiares de las personas usuarias en un teléfono específico y de llamada gratuita.
Intervención psicosocial telefónica, en su caso, con apoyo emocional.
Unidad móvil. Conjunto de medios humanos y materiales que complementan los servicios prestados desde el centro de atención, con la intervención presencial, para prestar apoyo personal o actividades de mantenimiento de los terminales.
Tecnología asociada a los servicios de teleasistencia básica.
Dispositivos domiciliarios que posibiliten la recepción y emisión de comunicaciones, con sus correspondientes unidades de control remoto.
Un centro de atención a la persona usuaria.
Dispondrán los dispositivos domiciliarios como la tecnología (hardware y software) utilizada por la persona usuaria con el centro de atención.  Deben ser accesibles, con el fin de garantizar la correcta prestación del servicio, teniendo en cuenta la diversidad que puede darse entre las personas usuarias en cuanto a sus capacidades y limitaciones. Entre estas se encuentran las relacionadas con el funcionamiento cognitivo y la comunicación, la visión y audición, la movilidad y el manejo de los dispositivos.
La tecnología asociada a los servicios de teleasistencia debe posibilitar diversas modalidades de comunicación, no restringidas únicamente a la emisión-recepción de mensajes hablados. Entre las modalidades de comunicación que, a través de la tecnología adecuada son posibles, se encuentran la comunicación vía texto, la comunicación aumentativa y alternativa (con uso de pictogramas o imágenes), y la lengua de signos a través de videocomunicación.
El terminal domiciliario debe tener pulsadores o botones diferenciables entre sí por sus características de color, tamaño, texto, relieve, símbolo o forma en función de las necesidades de la persona usuaria.
El terminal debe poder ser activado mediante un producto de apoyo adecuado para las personas usuarias que, debido a limitaciones de movilidad de miembros superiores, lo necesiten.
Personas usuarias del servicio y grado de dependencia.
Son personas a las que se les haya reconocido un grado de dependencia y en el Programa Individual de Atención se les haya asignado esta prestación.

Complementariedad y compatibilidad con otras prestaciones.
La teleasistencia básica ha de prestarse como servicio complementario al resto de prestaciones del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia. Este servicio es compatible con todas las prestaciones del Sistema excepto con el servicio de atención residencial y con la prestación económica vinculada a este servicio.

Teleasistencia avanzada
En el artículo 7 del Real Decreto 1051/2013, de 27 de diciembre, se regula las prestaciones del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia, establecidas en la Ley 39/2006, de 14 de diciembre. Las perceptoras serán  “las personas beneficiarias a las que se haya reconocido el grado I, de dependencia moderada”. El servicio se prestará como servicio complementario al resto de prestaciones contenidas en el programa individual de atención excepto en el caso de servicios de teleasistencia avanzada con apoyos complementarios, cuyo contenido se determinará por la Comisión Delegada del Consejo Territorial de Servicios Sociales y del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia.
Incluye, además de los servicios de teleasistencia básica que la persona usuaria precise, apoyos tecnológicos complementarios dentro o fuera del domicilio, o en ambos casos, así como la interconexión con los servicios de información y profesionales de referencia en los sistemas sanitario y social, desarrollando procesos y protocolos de actuación en función de la situación de necesidad de atención detectada.
Para la  Teleasistencia Avanzada será necesario que se realice un contacto directo y habitual con la persona usuaria y que, como mínimo, disponga de dos de los servicios que se detallan en el apartado siguiente.
Descripción detallada de los servicios, tecnología asociada a los mismos y programas de atención integral.
Servicios en el domicilio
ü Supervisión remota que pueda interpretar información con configuración personalizada por cada persona usuaria mediante la detección del patrón de actividad y generación de alertas y procesos de atención en función de la situación detectada, que permita identificar nivel de urgencia y tipo de atención a prestar y que no esté comprendido en el supuesto de supervisión remota fuera del domicilio.
ü Detección de situaciones de riesgo o emergencia por incidencias en el domicilio (escapes de gas, de agua, de fuego y otras).
ü Detección de alteraciones en los hábitos o rutinas y de incidencias relativas a la actividad de la persona usuaria en el domicilio (por ejemplo, caídas). La detección de estas incidencias puede alertar sobre una situación que requiera atención.
Servicios fuera del domicilio:
Supervisión remota y detección de situaciones de riesgo o emergencia, que permita identificar nivel de urgencia y tipo de atención a prestar y que no esté comprendido en el supuesto de supervisión remota en el domicilio.
ü Teleasistencia móvil con geolocalización.
ü Servicios de colaboración con los servicios sanitarios.
En un marco de colaboración entre los servicios de salud y los servicios sociales, se podrán considerar como servicios de teleasistencia avanzada los siguientes:
ü Gestión de citas médicas en los sistemas de atención. Agenda.
ü Integración entre las plataformas de Teleasistencia y de los Sistemas de Salud y Sociales públicos.
ü Definición de procesos y protocolos de información, derivación, actuación en función de la situación de la persona, en coordinación con los servicios públicos.
ü Telediagnóstico, Teleconsulta sanitaria y social.
ü Tele-estimulación cognitiva, Tele-rehabilitación física y funcional.
Programas de atención integral.
Se podrán incluir como programas en el servicio de teleasistencia avanzada la atención y seguimiento de las personas en situación de dependencia a través de los distintos servicios específicos en materia de prevención, promoción, apoyo a la persona cuidadora o actuaciones especiales que se desarrollen en el territorio, como por ejemplo:
ü Programa de atención psicosocial.
ü Programa de promoción del Envejecimiento Activo y Saludable.
ü Programas de prevención y detección de deterioro cognitivo.
ü Programas de Telemonitorización de personas con enfermedades crónicas.
ü Programa de Teleasistencia como Apoyo a la persona cuidadora.
Protocolos especiales:
ü Atención en situaciones de duelo.
ü Prevención del maltrato.
ü Prevención suicidio.
ü Atención en situación de contingencia y grandes catástrofes.
ü Etcétera.
Tecnología asociada a los servicios de Teleasistencia avanzada como apoyos complementarios.
Se pondrán a disposición de la persona usuaria los dispositivos tecnológicos necesarios para su efectividad. Entre otros:
ü Detectores de caídas, escapes de gas, de agua, de fuego, convulsiones, enuresis y otras).
ü Pulsera que contemple como funciones principales la localización y alertas de zona.
ü Dispositivo móvil específico que integra las funcionalidades de la pulsera y añade la posibilidad de emisión y recepción de comunicaciones. Entre las posibles modalidades para la emisión y recepción de mensajes se encuentra la videocomunicación.
ü Smartphone/tablet adaptados para la recepción de mensajes y eventos, agenda personal o compartida con la persona cuidadora, comunicación de incidencias, o envío de pictogramas y mensajes preestablecidos.
ü Aplicación móvil de teleasistencia (app) para gestionar y/o solicitar los servicios contemplados.
ü Otros dispositivos y/o soluciones tecnológicas que puedan facilitar los servicios descritos en los apartados anteriores.
Los prestadores de servicios de Teleasistencia avanzada pondrán a disposición de la persona usuaria, los dispositivos tecnológicos necesarios para su efectividad y para la atención de las necesidades de la persona usuaria. Deben cumplir las siguientes funciones:
ü Detección de caídas, escapes de gas, de agua, de fuego, convulsiones, enuresis y otras.
ü Localización y alertas en zona, por ejemplo a través de «wearables» o dispositivos de pulsera que contemple estas funciones principales, entre otras.
ü Atención deslocalizada a través de dispositivos móviles con posibilidad de emisión y recepción de comunicaciones. Entre las posibles modalidades para la emisión y recepción de mensajes se encuentra la videocomunicación.
ü Dispositivos adaptados para la recepción de mensajes y eventos, agenda personal o compartida con la persona cuidadora, comunicación de incidencias, o envío de pictogramas y mensajes preestablecidos, como por ejemplo Smartphone o Tablet.
ü Aplicaciones móviles de Teleasistencia (app) para gestionar y/o solicitar los servicios contemplados.
ü Otros dispositivos y/o soluciones tecnológicas que puedan facilitar los servicios descritos en los apartados anteriores.
Personas usuarias del servicio y grados de dependencia.
El servicio de teleasistencia avanzada solo podrá asignarse como prestación única a personas que tengan reconocido un grado I de dependencia moderada. No obstante, en el caso de revisión de grado, cuando se les reconozca el grado II o III, se podrá dar continuidad al servicio, como un servicio complementario de las prestaciones de estos grados, en función de la evaluación del equipo de valoración técnica que será la que determine la adecuación de dicho servicio, en función de requerimientos físicos y psíquicos necesarios para su uso.
Características establecidas para la asignación de esta prestación.
Este servicio se considera adecuado entre otras, para las personas que tengan alguna de las características que a continuación se relacionan:

jueves, 14 de diciembre de 2017

Agnosia


Es uno de los trastornos neurológicos que pueden darse. La demencia supone normalmente  un déficit cognoscitivo múltiple que se manifiesta por la alteración de la memoria (alteración de la capacidad de aprender nueva información o recordar información aprendida con anterioridad). Puede producirse por cuestiones como la afasia, apraxia, la agnosia o por una alteración de la función ejecutiva (capacidad para el pensamiento abstracto y para planificar, iniciar, secuenciar, monitorizar y detener un comportamiento complejo). Estos déficits o defectos cognoscitivos, para detectarse, han de ser normalmente lo suficientemente graves como para  apreciarse o que provoquen un deterioro significativo de la actividad social o laboral.
El término agnosia que se entiende como la “incapacidad para reconocer”. Hace referencia a un trastorno de la percepción mediante los distintos sentidos que lleva a un sujeto a no reconocer individuos, elementos o situaciones que, anteriormente, le resultaban familiares. El individuo que la padece se vuelve incapaz de reconocer ciertos estímulos que ya había aprendido. El trastorno además puede provocar la imposibilidad de aprender otros estímulos.
La agnosia no se debe a un problema en los sentidos, como la pérdida de la vista. La persona continúa viendo sin problemas, aunque no consigue registrar ni comprender aquello que ve u observa. La persona que la padece puede no reconocer a las personas más cercanas, ni reconocerse ella misma ante el espejo.
Quienes padecen agnosia, independientemente del tipo que sea, tienen  una clara incapacidad para reconocer estímulos que reciben a través de lo que son distintos canales sensoriales. Es posible por tanto diferenciar entre distintos tipos de agnosia. En la agnosia visual, el sujeto ve, pero no interpreta. Esta alteración suele generarse a partir de daños en el lóbulo temporal o el lóbulo occipital. Puede presentar agnosia para los colores (la persona afectada no es capaz de identificarlos y diferenciarlos). La prosoagnosia es la agnosia que afecta, sobre todo, a lo que es la percepción de las caras. En los casos más graves, el individuo afectado puede no reconocerse a sí mismo delante del espejo y tampoco a sus seres más próximos.
Pueden darse agnosias en cualquiera de los sentidos, la agnosia auditiva, por ejemplo, se produce cuando la persona no logra interpretar los sonidos. El afectado puede escuchar sin problemas, pero no procesa el significado del sonido en cuestión.
Las agnosias corporales constituyen un grupo de alteraciones que implican que el sujeto no consigue reconocer o identificar parte o la totalidad de su cuerpo. Otras clases de agnosias son las agnosias motoras (problemas para recordar un esquema de movimiento) y las agnosias táctiles (dificultades para el reconocimiento de aquello que se toca), entre otras cosas.
Las agnosias derivan de una lesión cerebral (por infarto, tumor, absceso o traumatismo) o de la degeneración de áreas del cerebro que integran la percepción, la memoria y la identificación.
Habitualmente las lesiones afectan a un solo sentido. A menudo los pacientes niegan su déficit, insistiendo en que nada está mal cuando un lado de sus cuerpos está completamente paralizado. Las lesiones occipitotemporales pueden producir una incapacidad para reconocer lugares familiares (agnosia ambiental), trastornos visuales (agnosia visual) o ceguera para los colores (acromatopsia). Las lesiones temporales del lado derecho pueden producir una incapacidad para interpretar sonidos (agnosia auditiva) o pueden deteriorar la percepción musical (amusia) entre otras.

lunes, 27 de junio de 2016

¿Qué es el patrimonio protegido?

Muchos padres y familiares de personas discapacitadas o demenciadas han sentido la preocupación o se preguntan permanentemente ¿cómo quedarán jurídicamente mis hijos o familiares discapacitados cuando no estemos para cuidarlos, y quién los protegerá? En ese sentido, el patrimonio protegido es un instrumento jurídico pensado para personas con grave discapacidad física y sensorial o con discapacidad intelectual, cuando quedan solos y son incapaces de hacer frente a las necesidades que les plantea la vida. Con dicha intención se creó la figura jurídica del patrimonio protegido.
El patrimonio protegido fue regulado por la Ley 41/2003, de 18 de noviembre, y tras la aprobación de la misma hubo que modificar el Código Civil, la Ley de Enjuiciamiento Civil y la Normativa Tributaria, entre otras cuestiones, para hacer posible a la nueva realidad por la que se trata de proteger y respetar los derechos que asisten a las personas discapacitadas en materia de propiedad patrimonial.
El artículo 49 de la Constitución trata de responder a la especial situación de las personas con discapacidad, ordenando los medios necesarios para que la minusvalía que padecen no les impida el disfrute de los derechos que a todos los ciudadanos reconocen la Constitución y las leyes, logrando así que la igualdad entre tales personas y el resto de los ciudadanos sea real y efectiva. En esa línea se orienta la Ley 41/2003 en lo que se refiere al patrimonio.
Con la misma se permite la designación de unos bienes precisos (dinero, inmuebles, derechos, títulos, etc.) a una persona discapacitada. Se trata de que con ellos, o con los beneficios que pudieran derivarse de su administración, la persona discapacitada pueda hacer frente a sus necesidades vitales ordinarias y extraordinarias.
El objeto inmediato de la Ley 41/2003 es, por tanto, la regulación de una masa patrimonial que queda inmediata y directamente vinculada a la satisfacción de las necesidades vitales de una persona con discapacidad, favoreciendo la constitución de la misma y la aportación a título gratuito de bienes y derechos para su constitución.
La nueva norma indica que “se entiende sin perjuicio de las disposiciones que pudieran haberse aprobado en las comunidades autónomas con derecho civil propio, que tienen aplicación preferente de acuerdo con el artículo 149.1.8.a de la Constitución española y los diferentes estatutos de autonomía, siéndoles de aplicación esta ley con carácter supletorio, conforme a la regla general contenida en el artículo 13.2 del Código Civil”.
Decir también que los bienes y derechos que conforman el patrimonio protegido se aíslan del resto del patrimonio personal del beneficiario, si lo hubiera, y quedan sometidos a un régimen de administración y supervisión específico. Se trata, tal y como reconoce la Ley, de un patrimonio de destino, en cuanto que las distintas aportaciones tienen como finalidad la satisfacción de las necesidades vitales de sus titulares.
¿A quién se puede aplicar la Ley de Patrimonio Protegido?
Exclusivamente a las personas con discapacidad, afectadas por unos determinados grados de minusvalía y con independencia de que concurran o no en ellas las causas de incapacitación judicial contempladas en el artículo 200 del Código Civil y de que, concurriendo, tales personas hayan sido o no judicialmente incapacitadas.
Para constituir dicho patrimonio protegido a su nombre deberán ser siempre personas con discapacidad intelectual igual o superior al 33% y personas con discapacidad física o sensorial igual o superior al 65%. Cuando se trata de personas con discapacidad intelectual no se requiere que ésta haya sido reconocida judicialmente. En principio basta con el certificado emitido por los Equipos de Valoración y Orientación (R.D. 1971/1999), aunque es igualmente válida una resolución judicial firme.
¿A quién corresponde la constitución del patrimonio protegido?
Corresponde a la propia persona con discapacidad que vaya a ser beneficiaria del mismo o, en caso de que no tenga capacidad de obrar suficiente, a sus padres, tutores o curadores de acuerdo con los mecanismos generales de sustitución de la capacidad de obrar regulados por el ordenamiento jurídico, o bien a su guardador de hecho, en el caso de personas con discapacidad psíquica.
Una vez constituido el patrimonio cualquier persona con interés legítimo puede realizar aportaciones al mismo. Las posteriores puedan hacerse a pesar de la oposición de los padres, tutores o curadores, cuando así lo estime el juez por convenir al beneficiario del patrimonio. En todo caso, las aportaciones de terceros deberán realizarse siempre a título gratuito.
Cuando la persona con discapacidad tenga capacidad de obrar suficiente, no se podrá constituir un patrimonio protegido en su beneficio o hacer aportaciones al mismo en contra de su voluntad.
Cuando la aportación es realizada por un tercero (cualquier persona distinta del beneficiario del patrimonio, incluidos los padres, tutores o curadores, constituyentes del mismo) el aportante puede establecer el destino que a los bienes o derechos aportados deba darse una vez extinguido el patrimonio protegido, determinando que tales bienes o derechos reviertan en el aportante o sus herederos o dándoles cualquier otro destino lícito que estime oportuno. Esta facultad del aportante tiene un límite, ya que la salida del bien o derecho aportado del patrimonio protegido tan sólo podrá producirse por extinción de éste.
La Ley dice que el patrimonio protegido se constituirá en documento público, o por resolución judicial. Dicho documento público o resolución judicial contemplará un inventario de los bienes y derechos que inicialmente constituyan el patrimonio protegido. La determinación de las reglas de administración y, en su caso, de fiscalización, incluyendo los procedimientos de designación de las personas que hayan de integrar los órganos de administración o, en su caso, de fiscalización.
Los notarios comunicarán inmediatamente la constitución y contenido de un patrimonio protegido por ellos autorizado al fiscal de la circunscripción correspondiente al domicilio de la persona con discapacidad, mediante firma electrónica avanzada. Igual remisión efectuarán de las escrituras relativas a las aportaciones de toda clase, y que se realicen con posterioridad a su constitución.
Medidas de publicidad registral
Cuando la administración del patrimonio protegido no corresponde ni al propio beneficiario ni a sus padres, tutores o curadores, la representación legal que el administrador ostenta sobre el beneficiario del patrimonio para todos los actos relativos a éste debe de hacerse constar en el Registro Civil.
En el Registro de la Propiedad también debe constar la condición de un bien o derecho real inscrito como integrante de un patrimonio protegido.
¿Quién administra el patrimonio protegido?
La regla general indica que “todos los bienes y derechos, cualquiera que sea su procedencia, se sujetan al régimen de administración establecido por el constituyente del patrimonio, el cual tiene plenas facultades para establecer las reglas de administración que considere oportunas”. No obstante, la administración puede corresponder a entidades sin ánimo de lucro, especializadas en la atención a las personas con discapacidad.
Si el constituyente del patrimonio protegido es el beneficiario del mismo, y a la vez tiene capacidad de obrar suficiente, se aplica sin más la regla general.
Dado el especial régimen de administración al que se sujeta el patrimonio protegido, es perfectamente posible que, a pesar de que su beneficiario tenga capacidad de obrar suficiente, la administración del patrimonio no le corresponda a él, sino a una persona distinta, sea porque así lo ha querido la propia persona con discapacidad, sea porque lo haya dispuesto así el constituyente del patrimonio y lo haya aceptado el beneficiario, cuando el constituyente sea un tercero.

Supervisión de la administración del patrimonio protegido
El constituyente puede establecer las reglas de supervisión y fiscalización de la administración del patrimonio que considere oportunas.
La supervisión institucional del patrimonio protegido corresponde al Ministerio Fiscal, respecto del cual se prevén dos tipos de actuaciones:
a) Una supervisión permanente y general de la administración del patrimonio protegido, a través de la información que, periódicamente le remite el administrador.
b) Una supervisión esporádica y concreta cuando las circunstancias concurrentes en un momento determinado lo hicieran preciso. El Ministerio Fiscal puede solicitar del juez la adopción de cualquier medida que estime pertinente en beneficio de la persona con discapacidad. El Ministerio Fiscal puede actuar tanto de oficio como a solicitud de cualquier persona, y será oído en todas las actuaciones judiciales que afecten al patrimonio protegido, aunque no sean instadas por él.
La ley crea la Comisión de Protección Patrimonial de las Personas con Discapacidad, cuya función básica es ser un órgano externo de apoyo, auxilio y asesoramiento del Ministerio Fiscal en el ejercicio de sus funciones, sin perjuicio de las demás que reglamentariamente pudieran atribuírsele.
En ella se prevé que participen, en todo caso, representantes de la asociación de utilidad pública, más representativa en el ámbito estatal, de los diferentes tipos de discapacidad.
Extinción del patrimonio protegido.
El patrimonio protegido se extingue por la muerte de su beneficiario o por dejar éste de tener la condición de persona con discapacidad.
Si el patrimonio protegido se extingue por muerte o declaración de fallecimiento de su beneficiario, se entenderá comprendido en su herencia.
Si el patrimonio protegido se hubiera extinguido por dejar su beneficiario de cumplir las condiciones establecidas en el artículo 2.2 de la Ley 41/2003 éste seguirá siendo titular de los bienes y derechos que lo integran, sujetándose a las normas generales del Código Civil o de derecho civil, foral o especial, que, en su caso, fueran aplicables.
Esto se entiende sin perjuicio de la finalidad que, en su caso, debiera de darse a determinados bienes y derechos, conforme a lo establecido en el artículo 4.3 de esta ley.
La Ley 41/2003 dice que en el caso de que no pudiera darse a tales bienes y derechos la finalidad prevista por sus aportantes, se les dará otra, lo más análoga y conforme a la prevista por éstos, atendiendo, cuando proceda, a la naturaleza y valor de los bienes y derechos que integren el patrimonio protegido y en proporción, en su caso, al valor de las diferentes aportaciones.
La supervisión de la administración del patrimonio protegido corresponde al Ministerio Fiscal, quien instará del juez lo que proceda en beneficio de la persona con discapacidad, incluso la sustitución del administrador, el cambio de las reglas de administración, el establecimiento de medidas especiales de fiscalización, la adopción de cautelas, la extinción del patrimonio protegido o cualquier otra medida de análoga naturaleza.
El Ministerio Fiscal actuará de oficio o a solicitud de cualquier persona, y será oído en todas las actuaciones judiciales relativas al patrimonio protegido.
Cuando no sea la propia persona con discapacidad beneficiaria del patrimonio o sus padres, el administrador del patrimonio protegido deberá rendir cuentas de su gestión al Ministerio Fiscal cuando lo determine éste y, en todo caso, anualmente, mediante la remisión de una relación de su gestión y un inventario de los bienes y derechos que lo formen, todo ello justificado documentalmente.
El Ministerio Fiscal podrá requerir documentación adicional y solicitar cuantas aclaraciones estime pertinentes.
Constancia registral
La representación legal a la que se refiere el artículo 5.7 de la Ley 41/2003 se hará constar en el Registro Civil, tal y como lo determina su Ley reguladora.
Cuando el dominio de un bien inmueble o derecho real sobre el mismo se integre en un patrimonio protegido, se hará constar esta cualidad en la inscripción que se practique en el Registro de la Propiedad correspondiente, conforme a lo previsto en la legislación hipotecaria. Si el bien o derecho ya figurase inscrito con anterioridad a favor de la persona con discapacidad se hará constar su adscripción o incorporación al patrimonio protegido por medio de nota marginal.
La misma constancia registral se practicará en los respectivos Registros respecto de los restantes bienes que tengan el carácter de registrables. Si se trata de participaciones en fondos de inversión o instituciones de inversión colectiva, acciones o participaciones en sociedades mercantiles que se integren en un patrimonio protegido, se notificará por el notario autorizante o por el juez, a la gestora de los mismos o a la sociedad, su nueva cualidad.
Cuando un bien o derecho deje de formar parte de un patrimonio protegido se podrá exigir por quien resulte ser su titular o tenga un interés legítimo la cancelación de las menciones o notas marginales.

La publicidad registral de los asientos a que se refiere este precepto se deberá realizar, en los términos que reglamentariamente se determinen, con pleno respeto a los derechos de la intimidad personal y familiar y a la normativa sobre protección de datos de carácter personal.

lunes, 25 de abril de 2016

Demencia y memoria

La memoria, como el cuerpo o las funciones físicas que puede realizar, se van deteriorando normalmente con la edad.  Resulta algo normal dentro del envejecimiento que afecta a todas las personas y a sus órganos, incluido el cerebro. Por eso, con la edad, el aprendizaje se hace más lento y cuesta más recordar algunas cosas. Digamos que se producen los olvidos y que, en ocasiones, cuesta recordar las cuestiones más recientes. Son señales de problemas leves en la memoria. Otra cosa bien distinta es la pérdida de memoria por causas de salud y por enfermedades que provocan la demencia por ejemplo. En ese sentido, la pérdida de memoria puede atribuirse a causas mayores; entre ellas  los tumores cerebrales, las enfermedades cerebrales degenerativas, los deterioros vasculares, coágulos de sangre en el cerebro… Todas ellas pueden causar demencia y pérdidas de memoria importantes con cambios importantes en el comportamiento del paciente. Antes de llegar a esas cuestiones veamos algunos elementos simples de la memoria.
La memoria
Es la capacidad que tiene el ser humano de registrar, almacenar y reproducir determinada información. Se basa en dos funciones complementarias y competitivas: la selección y el olvido.
La memoria, como tal, pasa por un sistema de procesamiento de la información con cuatro funciones básicas: entrada de datos; retención; duración; y recuperación de los mismos. 
Digamos que el ser humano puede seleccionar la información que percibe a través de los sentidos, procesarla y registrarla,  almacenarla o desecharla. La mente digamos que tiene la capacidad voluntaria o involuntaria de guardarla u olvidar la información que le llega de los sentidos. A veces el olvido puede ser como el aliviadero de una presa que evita una sobrecarga y, en otras, nos impide recordar.
¿Cómo se conforma la memoria?
El cerebro se conforma a base de células muy especializadas y específicas que reciben el nombre de neuronas. Son células nerviosas. Nuestro cuerpo percibe señales (calor, tacto, gusto...) que son transmitidas al cerebro en forma de estímulos. Dichos estímulos se transmiten de una neurona a otra para ser descifrados, integrados y tratados en zonas específicas de dicho cerebro. A partir de esos centros cerebrales de procesado se dan órdenes que, transmitidas por las cadenas de neuronas, permiten al ser humano responder apropiadamente al entorno exterior y a las señales que ha percibido.
La información se capta a través de los sentidos
Las neuronas informan a las distintas digamos centrales cerebrales y transmiten órdenes precisas a los músculos y a todo el organismo en general. Entre ellas circula una corriente nerviosa  y, a través de dicha corriente, circula la información. Así se conforma, a través de ella, una serie de funciones como la memoria, el lenguaje, el pensamiento abstracto, la coordinación de los músculos...
La memoria es pues una de las condiciones necesarias e imprescindibles para el aprendizaje y la actuación de los seres humanos. El aprendizaje se produce cuando cambia el contenido de la memoria, una vez que el estímulo ha sido expuesto e incorporado. Aprender a percibir, a procesar los datos reteniendo lo que consideramos que vale la pena, a recuperar la información en el momento oportuno y a olvidar lo innecesario, produce lo que se ha dado en llamar una memoria útil.
Tipos de memoria.
Existen variados tipos de memoria:
  1. Memoria sensorial. Contamos con un almacén de memoria sensorial (A.M.S) de muy corta duración.
  2. Memoria a corto plazo (M.C.P), que puede durar apenas un minuto.
  3. Memoria a largo plazo (M.L.P).

La memoria sensorial (MS)
Es la más fugaz. Nos permite entender lo que está ocurriendo en nuestro entorno y la percibimos a través de los sentidos. La MS graba el instante y lo traslada a la Memoria de Corto Plazo para analizar. Afecta a todo lo que vemos, oímos o percibimos a través de los sentidos.
Memoria a corto plazo (MCP)
Se produce ante cualquier estímulo. Se trata de un almacenamiento temporal de la información percibida en cada contexto. La duración de la misma no pasa del minuto  y digamos que es el alimentador del procesado de la actividad mental.
La memoria a largo plazo (MLP)
Es depósito de todas las experiencias y conocimientos que se poseen sobre el mundo que nos rodea y el almacén de nuestros conocimientos personales. La memoria a largo plazo la tenemos todos, pero se puede decir que tiene límites como la memoria a corto plazo. La MLP funciona como el rector del proceso, seleccionando la información que se recibe y distribuyendo los datos hacia zonas específicas. Su mecanismo de entrada es lento.
La MLP es una estructura orgánica de conocimientos organizados como una red asociativa. Conforma lo que entendemos que es el sistema de aprender. El proceso final de incorporar algo nuevo a la MLP es lo que llamamos “aprendizaje”.
Para realizar todos estos procesos digamos que las neuronas se comunican entre sí por medio de mensajeros químicos que reciben el nombre de neurotransmisores (acetilcolina, noradrenalina, serotonina,..), Para que el cerebro funcione adecuadamente no sólo hacen falta las células nerviosas y un buen estado de los elementos transmisores, sino que también es necesario que esté bien irrigadas por la sangre y que utilicen bien el oxígeno y la glucosa aportados por la sangre, ya que el cerebro necesita el aporte continuo de gran cantidad de nutrientes para funcionar correctamente (el 20% de oxígeno y un 25% de la glucosa que necesita el organismo).
La demencia senil
La demencia senil  provoca un conjunto de síntomas y signos clínicos de carácter orgánico que tienen que ver con el deterioro progresivo de todo el organismo globalmente y de las facultades intelectuales en general. Dicho deterioro puede desarrollarse dentro de unos parámetros de aparente normalidad o ser más pronunciados a causa de algunas enfermedades que los causan.
En ese sentido puede decirse que disminuye:
  • El riego sanguíneo al cerebro disminuye (en torno a un 25% a los 70 años).
  • Los centros nerviosos se reducen un 10%.
  • Al bajar la actividad disminuye  consumo de glucosa y de oxígeno por las neuronas.
  • El número de neuronas disminuye entre un 25% a un 45% en la corteza cerebral.
  • Aparecen modificaciones estructurales a nivel de las neuronas y sus conexiones (como las placas seniles y los ovillos neurofibrilares).
  • Los neurotransmisores disminuyen.

Digamos que el número de neuronas nace con el individuo y éstas no tienen la facultad de reproducirse. Así cuando una de ellas muere por falta de riego, nutrientes o contaminada por alguno de los neuro transmisores no puede ser reemplazada por otra y cuando un grupo de neuronas va desapareciendo la función que cumplían la parte cerebral dañada se desintegra progresivamente, llegando a afectar a determinadas zonas del cerebro que cumplen algunas de las funciones que nos ocupan. Así podemos hablar de un grado de intensidad leve, pero cuanto más intensa y numerosa sea la afectación neuronal, el envejecimiento será más patológico y más intenso.

Demencia de naturaleza crónica o progresiva
Se caracteriza por el deterioro de la función cognitiva (capacidad para procesar el pensamiento). Afecta a la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje o el juicio por ejemplo. El deterioro de la función cognitiva suele ir acompañado y, en ocasiones es precedido, por el deterioro del control emocional, el comportamiento social o la motivación.
Lo definimos como un deterioro adquirido de las funciones intelectuales causado por una afectación cerebral de etilogía múltiple. El deterioro intelectual implica la pérdida de diversos tipos de procesos mentales como el vocabulario, el entendimiento, el pensamiento abstracto, el habla y la coordinación.
La demencia puede ser causada por diversas enfermedades y lesiones que afectan al cerebro de forma primaria o secundaria, como la enfermedad de Alzheimer o los accidentes cerebrovasculares.
La demencia afecta a cada persona de manera diferente, dependiendo del impacto de la enfermedad y de la personalidad anterior del sujeto. Los signos y síntomas relacionados con la demencia se pueden entender en tres etapas.
Etapa temprana: a menudo pasa desapercibida, ya que el inicio es paulatino. Los síntomas más comunes incluyen:
  •  Tendencia al olvido.
  • Pérdida de la noción del tiempo.
  • Desubicación espacial, incluso en lugares conocidos.

Etapa intermedia: a medida que la demencia evoluciona hacia la etapa intermedia, los signos y síntomas se vuelven más evidentes y más limitadores. En esta etapa las personas afectadas:
  • Empiezan a olvidar acontecimientos recientes, así como los nombres de las personas.
  • Se encuentran desubicadas en su propio hogar.
  • Tienen cada vez más dificultades para comunicarse.
  • Empiezan a necesitar ayuda con el aseo y cuidado personal.
  • Sufren cambios de comportamiento, por ejemplo, dan vueltas por la casa o repiten las mismas preguntas.

Etapa tardía
Las alteraciones de la memoria son graves y los síntomas y signos físicos se hacen más evidentes. Se produce una creciente desubicación en el tiempo y en el espacio con:
  • Dificultades para reconocer a familiares y amigos.
  • Una necesidad cada vez mayor de ayuda para el cuidado personal.
  • Dificultades para caminar.
  • Alteraciones del comportamiento que pueden exacerbarse.




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