martes, 17 de noviembre de 2015

Dependencia Personal

Es el estado de carácter permanente en que se encuentran algunas personas que, por razones de la edad, enfermedad o discapacidad, y ligadas a la falta o a la pérdida de autonomía física, mental, intelectual o sensorial, precisan de la atención de otra u otras personas. Se trata de una ayuda para realizar actividades básicas de la vida diaria y mantener una cierta autonomía personal.
Una persona es dependiente cuando presenta limitaciones para realizar una o varias actividades básicas de su vida diaria, como vestirse, lavarse, cocinar o hacer tareas públicas y privadas propias de la vida diaria. Una persona es dependiente porque necesita de la ayuda de otra persona, sea un cuidador/a profesional o un familiar, para poder hacer frente a sus actividades diarias y suplir sus limitaciones.
Las causas por las que una persona puede llegar a ser dependiete son muchas. Pueden ser factores:
Físicos.  Cuando se da una pérdida progresiva o instantánea de las capacidades físicas, de movilidad, de tipo sensorial u otras.
Psicológicos, como la salud mental, trastornos cognitivos que afecta la memoria o porque padecen depresión y eso acelera la pérdida de capacidades funcionales.
La Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia, conocida como ‘Ley de Dependencia’, establece tres tipos de dependencia:
– Grado I. Dependencia moderada: cuando la persona necesita ayuda para realizar varias actividades básicas de la vida diaria al menos una vez al día o tiene necesidades de apoyo intermitente o limitado para su autonomía personal.
– Grado II. Dependencia severa: cuando la persona necesita ayuda para realizar varias actividades básicas de la vida diaria dos o tres veces al día, pero no quiere el apoyo permanente de un cuidador o tiene necesidades de apoyo extenso para su autonomía personal.
– Grado III. Gran dependencia: cuando la persona necesita ayuda para realizar varias actividades básicas de la vida diaria varias veces al día y, por su pérdida total de autonomía física, mental, intelectual o sensorial, necesita el apoyo indispensable y continuo de otra persona o tiene necesidades de apoyo generalizado para su autonomía personal.
Las personas que tienen a su cargo el cuidado de una persona dependiente o una persona mayor dependiente pueden ayudarle, pero también deben propiciar que mantenga y amplíe su autonomía personal. En ese sentido pueden:
  • Ayudándole solo en lo estrictamente necesario. No haciéndole  nada que pueda hacer por sí misma, aunque le cueste.
  • Debe observar y evaluar qué actividades es capaz de hacer y qué actividades no.
  • Ha de potenciar siempre su autoestima, incentivándole, animándole y recordándole permanentemente todo lo que es capaz de hacer.
  • Para ello, se debe acondicionar el hogar de la persona dependiente, para que pueda realizar de forma independiente y segura la mayor cantidad posible de actividades.
  • Es aconsejable eliminar objetos que supongan algún riesgo o peligro para la persona dependiente y realizar los cambios que puedan favorecer su autonomía. Por ejemplo, en el cuarto de baño, en los pasillos de la casa o en su dormitorio, con elementos adecuados para poder asirse, mantenerse, o acostarse en una cama adecuada a sus limitaciones.
  • En muchas de las actividades, la ayuda de la persona acompañante le puede resultar fundamental para evitar caídas o reforzar las cuestiones que sea capaz de hacer.