jueves, 14 de diciembre de 2017

Agnosia


Es uno de los trastornos neurológicos que pueden darse. La demencia supone normalmente  un déficit cognoscitivo múltiple que se manifiesta por la alteración de la memoria (alteración de la capacidad de aprender nueva información o recordar información aprendida con anterioridad). Puede producirse por cuestiones como la afasia, apraxia, la agnosia o por una alteración de la función ejecutiva (capacidad para el pensamiento abstracto y para planificar, iniciar, secuenciar, monitorizar y detener un comportamiento complejo). Estos déficits o defectos cognoscitivos, para detectarse, han de ser normalmente lo suficientemente graves como para  apreciarse o que provoquen un deterioro significativo de la actividad social o laboral.
El término agnosia que se entiende como la “incapacidad para reconocer”. Hace referencia a un trastorno de la percepción mediante los distintos sentidos que lleva a un sujeto a no reconocer individuos, elementos o situaciones que, anteriormente, le resultaban familiares. El individuo que la padece se vuelve incapaz de reconocer ciertos estímulos que ya había aprendido. El trastorno además puede provocar la imposibilidad de aprender otros estímulos.
La agnosia no se debe a un problema en los sentidos, como la pérdida de la vista. La persona continúa viendo sin problemas, aunque no consigue registrar ni comprender aquello que ve u observa. La persona que la padece puede no reconocer a las personas más cercanas, ni reconocerse ella misma ante el espejo.
Quienes padecen agnosia, independientemente del tipo que sea, tienen  una clara incapacidad para reconocer estímulos que reciben a través de lo que son distintos canales sensoriales. Es posible por tanto diferenciar entre distintos tipos de agnosia. En la agnosia visual, el sujeto ve, pero no interpreta. Esta alteración suele generarse a partir de daños en el lóbulo temporal o el lóbulo occipital. Puede presentar agnosia para los colores (la persona afectada no es capaz de identificarlos y diferenciarlos). La prosoagnosia es la agnosia que afecta, sobre todo, a lo que es la percepción de las caras. En los casos más graves, el individuo afectado puede no reconocerse a sí mismo delante del espejo y tampoco a sus seres más próximos.
Pueden darse agnosias en cualquiera de los sentidos, la agnosia auditiva, por ejemplo, se produce cuando la persona no logra interpretar los sonidos. El afectado puede escuchar sin problemas, pero no procesa el significado del sonido en cuestión.
Las agnosias corporales constituyen un grupo de alteraciones que implican que el sujeto no consigue reconocer o identificar parte o la totalidad de su cuerpo. Otras clases de agnosias son las agnosias motoras (problemas para recordar un esquema de movimiento) y las agnosias táctiles (dificultades para el reconocimiento de aquello que se toca), entre otras cosas.
Las agnosias derivan de una lesión cerebral (por infarto, tumor, absceso o traumatismo) o de la degeneración de áreas del cerebro que integran la percepción, la memoria y la identificación.
Habitualmente las lesiones afectan a un solo sentido. A menudo los pacientes niegan su déficit, insistiendo en que nada está mal cuando un lado de sus cuerpos está completamente paralizado. Las lesiones occipitotemporales pueden producir una incapacidad para reconocer lugares familiares (agnosia ambiental), trastornos visuales (agnosia visual) o ceguera para los colores (acromatopsia). Las lesiones temporales del lado derecho pueden producir una incapacidad para interpretar sonidos (agnosia auditiva) o pueden deteriorar la percepción musical (amusia) entre otras.

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